Feligreses

Hay clientes de todo tipo. Está el subnormal que te quiere poner una hoja de reclamaciones porque el enchufe que quiere usar lo está usando otro. Como si el local fuera su puta casa. Como si los vatios fueran suyos. Puede venir acompañado del que te pide la contraseña del Wi-Fi antes de saludar.

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Estoy cansado

Cada día me cuesta más dormir.
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Aprobado por Excel

Ya están los de Marketing teniendo ideas. ¡Claro, como pensar es gratis! Es fácil inventar procesos, promos y gilipolleces cuando no eres tú quien va a correr de un lado para otro intentando que salgan.

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Que aproveche

¡Joder! Hoy me he vuelto a encontrar dos lindos regalitos.
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Inercia

Nada más entrar, lo primero que me golpea es el ruido. Una puta jauría de niños desatada. Gritos, carreras, cosas cayéndose. Perfecto. Cumpleaños. Eso significa lo de siempre: uno menos en plantilla y el doble de mierda que recoger después. Ni un minuto llevo y ya me quiero largar.
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Aprende a escribir, Álvaro Colomer

Es un libro curioso. Por el título, podría parecer un manual de escritura al uso, de esos que prometen fórmulas cerradas o reglas infalibles. Por suerte, no va por ahí: va mucho más allá. Sus páginas ofrecen la oportunidad de asomarse al método de trabajo y a la trayectoria de autores a los que admiramos.
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Entre turnos

Me fuerzo a comer unos aros de avena rancios. Saben a cartón mojado y a derrota. En algún sitio leí que eran buenos para algo. Me da igual. Como si hacer una cosa bien fuese a compensar todo lo demás que está podrido.
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Pequeños gestos

Sé que con esta reflexión no voy a descubrir la rueda, pero creo que de vez en cuando merece la pena encontrarse con ella, detenerse un momento y pensar.

Es curioso el poder que podemos llegar a tener las personas. No somos superhéroes ni el ombligo del mundo, pero hay que reconocer que, con acciones mínimas, somos capaces de provocar cambios enormes. A veces para bien. Otras, por desgracia, para mal.
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El misterio de la chica de las 17:29

Por mi trabajo veo a mucha gente ir y venir. Es un oficio hecho de puertas que se abren, pasos en escaleras, timbres que suenan y conversaciones que no me pertenecen. Entre todas esas rutinas anónimas, nunca nadie me llamó tanto la atención como la chica de las 17:29: una certeza en mitad del ruido del día.
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Vol(v)amos

Yo vuelo,
tú vuelas,
él vuela,
nosotros volamos
y caemos para no volver.
Cogemos miedo.
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