Que aproveche

¡Joder! Hoy me he vuelto a encontrar dos lindos regalitos. Dos masas marrones flotando en un caldo turbio, el rastro pegado a la porcelana como firma de autor. Solo les falta un puto lazo. Ni el amago de tirar de la cadena. Los dejan ahí, orgullosos de su obra, para que el siguiente desgraciado les rinda homenaje. Y todavía hay que dar las gracias de que haya acabado dentro del váter y no contra el suelo. Luego salen, piden un menú y te dan las gracias con una sonrisa. Ignoran que las mismas manos que despegan su mierda de la taza son las que les dejan el plato en la mesa.

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